martes, 21 de julio de 2015

SONATINA " LA PRINCESA ESTA TRISTE"......RUBEN DARIO



La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

 http://www.poemas-del-alma.com/sonatina.htm



lunes, 20 de julio de 2015

MARQUES DE SANTILLANA...LA VAQUERA DE LA FINOJOSA




Moza tan fermosa 
non vi en la frontera, 
com'una vaquera 
de la Finojosa. Faciendo la vía
del Calatraveño 
a Santa María, 
vencido del sueño, 
por tierra fraguosa 
perdí la carrera, 
do vi la vaquera 
de la Finojosa.


En un verde prado 
de rosas e flores, 
guardando ganado
con otros pastores, 
la vi tan graciosa, 
que apenas creyera 
que fuese vaquera 
de la Finojosa.


Non creo las rosas 
de la primavera 
sean tan fermosas 
nin de tal manera; 
fablando sin glosa,
si antes supiera 
de aquella vaquera 
de la Finojosa;


non tanto mirara 
su mucha beldad,
porque me dejara 
en mi libertad. 
Mas dije: «Donosa 
-por saber quién era-, 
¿dónde es la vaquera
de la Finojosa?»


Bien como riendo, 
dijo: «Bien vengades, 
que ya bien entiendo 
lo que demandades;
non es deseosa 
de amar, nin lo espera, 
aquesa vaquera 
de la Finojosa». 

 http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/comenta/esp/serra7.htm

ARCANGELO CORELLI......SONATA OPUS 5 Nº 12 "LA FOLLIA"


Estamos en Roma, en el año 1700 (empezamos con fecha redonda). Arcangelo Corelli, un violinista que llegó de Bologna y que fue poco a poco ganando fama como intérprete en la Roma de los grandes mecenas, era el primer violín de la orquesta del cardenal Ottoboni, sobrino del Papa Alejandro VIII, que vivía en el Palazzo della Cancelleria (que si habéis estudiado historia del arte seguro os sonará. Una chabolita, la casa de Corelli, aunque él estaba allí como sirviente). Los cardenales romanos rivalizaban en mostrar su poder con conciertos privados llamados Accademie (en honor a la Akademos platónica, que muchos también habréis estudiado o estudiaréis). En el palacio de la cancillería, estas academias-conciertos solían ser los lunes por la tarde. Aquí seguramente es donde se estrenaría la obra que hoy vamos a conocer, la sonata Op. 5 nº 12, que en realidad no es más que una serie de variaciones sobre “La follia”, un tema del que hablaré más tarde.
Formas camerísticas del barroco.
Esencialmente, y para no liaros, la forma más habitual de la música de cámara en la época barroca es la sonata.
Lo primero es aclarar la terminología: en el Barroco sonata solo quiere decir lo que quiere decir, o sea, música para ser tocada (en oposición a cantata, que sería la música para ser cantada). Generalizando todavía más, música puramente instrumental. Nada tiene que ver una sonata de Mozart, o la forma sonata que estudiáis en Análisis, con las sonatas de Corelli. De hecho, muchas veces a las sonatas se les llama sinfonias, o tocattas, o invenciones. Aún no había habido una estandarización de términos.
Definición de Sonata:
Obra instrumental común en la época barroca, usualmente dividida en 3 o 4 movimientos y compuesta para uno o varios instrumentos melódicos y un basso continuo (tocado por dos músicos, un instrumento polifónico y uno melódico de tesitura grave). Según la cantidad de instrumentos melódicos que toquen, podemos distinguir la sonata a solo (la más común, llamada simplemente sonata), con un  solo instrumento solista, o la sonata en trio o triosonata, que tenía dos instrumentos melódicos solistas. También había sonatas a 3, a 4, a 5, etc. pero eran menos comunes.
Corelli, que como compositor del cardenal, tenía en cierta medida la obligación de componer música para las accademie, compuso un grupo de doce sonatas que llevaron el numero de Op. 5 (en la época era una moda componer obras en grupos de seis o doce, así se compusieron grandes obras como los seis conciertos de Brandeburgo de Bach, o los 12 conciertos de l’Estro Armonico de Vivaldi, o las 12 sinfonías de Londres de Haydn). Estas sonatas, que fueron dedicadas a la Princesa Sofía Carlota de Brandenburgo (muchos nobles europeos vivían en Roma dada su importancia como sede papal, por ejemplo la primera patrona romana de Corelli, la reina Cristina de Suecia), fueron el mayor éxito editorial de la historia de la música hasta que llegó un tal Haydn casi cien años después y se hizo famoso por toda Europa. Nada menos que 42 ediciones de esta obra se conservan en Europa entre 1700 y 1800, en una época en la que publicar (y más, publicar música) era una cosa carísima que nadie podía permitirse si no iba a ser mínimamente rentable. De hecho, Corelli es el primer compositor en la historia de la música famoso solamente por sus composiciones instrumentales y no operísticas y el primero en producir obras que se consideraron como “clásicos” y que se seguirían tocando y estudiando mucho después de su muerte y de que su estilo quedara pasado de moda.
De estas 12 sonatas, 6 son da camera, y 6 da chiesa, una distinción que en principio afectaba al lugar donde iban a ser interpretadas, si en la iglesia (chiesa en italiano) como parte de un servicio religioso, o en la camera, o sea la cámara palaciega, en concierto. Esta distinción quedó prácticamente borrada en la época de Corelli, y por eso no la voy a explicar demasiado. Por señalar algunas diferencias, las sonatas da camera tenían movimientos con nombres de danzas (giga, gavota, corrente, etc.) y las sonatas da chiesa no (aunque por dentro dichos movimientos fueran claramente de danza). Además, Corelli da a las sonatas da chiesa un carácter claramente más virtuosístico que a las da camera. Pero siempre con excepciones, como nuestra invitada de hoy, que estando en el grupo de sonatas da camera, constituye un ejemplo de gran virtuosismo para la época.
Normalmente las sonatas corellianas tienen 4 movimientos, con alternancia lento-rápido-lento-rápido. En las sonatas Op. 5 las 6 primeras, las que son da chiesa, tienen cinco movimientos, intercalando una fuga entre los 4 movimientos canónicos. En cambio las 6 finales, tienen todas 4 movimentos con las danzas típicas de la suite barroca: allemanda-corrente-sarabanda-giga, aunque hay excepciones. La sonata número 12, La Follia, en cambio, es excepcional tanto formalmente como por número de movimientos. Ahora (por fin) nos ocupamos de ella.


La folía, una locura ibérica.
La folía (follia significa locura en italiano) no es una sonata como las demás. Sólo tiene un movimiento y en realidad, es un tema con variaciones sobre una melodía que se conocía en Europa desde el siglo XIV, y que por lo que se ve, tiene sus raíces en Portugal. También se ha dicho que era de procedencia española, ya que el ritmo que tiene recuerda al de una sarabanda, que era una danza de origen español. Aquí tenéis el tema, tal y como Corelli lo utiliza:
folia original

Este ostinato armónico (este tipo de ostinatos se conocían en el Barroco como bajos de Chacona o Passacaglia) da pie a hacer mil ornamentaciones sobre él. Corelli presenta 23 variaciones en todos los estilos, en varios compases diferentes y con todas las argucias técnicas posibles en la época.

https://musicadecamara.wordpress.com/2009/10/26/1-arcangelo-corelli-sonata-op-5-n%C2%BA-12-la-follia/





domingo, 19 de julio de 2015

TRES COSAS ME TIENE PRESO......BALTASAR DE ALCAZAR





Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón:
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.

Esta Inés, amantes, es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.

Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

En gusto, medida y peso
no les hallo distinción:
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.


http://www.sigoaprendiendo.org/10-poemas-famosos-del-siglo-de-oro.html

ARCANGELO CORELLI....CONCIERTO GROSSI OPUS 6


El compositor y violinista italiano Arcangelo Corelli ejerció una amplia influencia sobre sus contemporáneos y sobre la siguiente generación de compositores.  Gracias a sus logros musicales y una creciente reputación internacional, Corelli no tuvo problemas en obtener el apoyo de una sucesión de influyentes patrones. La historia le recuerda con tales títulos como “Fundador de la Técnica Moderna del Violín”, “El primer gran violinista del mundo” o “El padre del Concerto Grosso”.


Todas sus creaciones están incluidas en seis números de opus, la mayoría de ellos dedicados a sonatas y sonatas en trío. En las Sonatas Op.5 se encuentran las famosas Variaciones para violín y acompañamiento sobre “La Follia”. Uno de los más conocidos estudiantes de Corelli, Geminiani, arregló todas las obras como Concerti Grossi. Sin embargo, es en sus propios Concerti Grossi Op.6 que Corelli alcanzó el clímax creativo de todas sus contribuciones musicales.
Aunque Corelli no fue el inventor de la forma Concerto Grosso, mejoró sus potencialidades, la popularizó y escribió las primeras obras maestras de la forma. Gracias a su labor, el Concerto Grosso alcanzó en el barroco la misma prominencia que la sinfonía en el clasicismo. Sin los exitosos modelos de Corelli habría sido imposible para Vivaldi, Haendel y Bach producir sus propios aportes al Concerto Grosso.
La forma del Concerto Grosso está construida sobre el principio de dos grupos instrumentales contrastantes de distinto tamaño. En las obras de Corelli, el grupo más pequeño consiste de dos violines y un cello, mientras que el mayor de una orquesta de cuerdas. Los mismos grupos proporcionaban el contraste dinámico, ya fuera con las indicaciones forte y piano o en base a su constitución instrumental.
De todas las composiciones de Corelli el Op.6 fue la que recibió mayor dedicación y diligencia. La fecha de composición es incierta debido a que Arcangelo pasó varios años de su vida escribiendo y rescribiendo esta música, comenzando cuando aún no cumplía los treinta. 


 http://www.hagaselamusica.com/clasica-y-opera/compositores/arcangelo-corelli/

sábado, 18 de julio de 2015

LUDWING VAN BEETHOVEN... SINFONIA Nº 8 EN FA MAYOR OP 93





La Sinfonía número 8 es del año 1812 y fue estrenada en Viena el 27 de febrero de 1814. No es ningún tópico hablar de un Beethoven joven, de un adolescente si se quiere, cuando se escucha por primera vez su Octava Sinfonía. Es una obra que, sin querer, se relaciona con su Sexta en Fa Mayor opus 68 – la célebre Sinfonía «Pastoral» – con la Segunda, opus 36 en Re Mayor, y con la Cuarta; esta última en la tonalidad de Si Bemol Mayor y con el número 60 de opus.
Curiosamente, y no siendo verdad, siempre se ha dicho que las buenas sinfonías de Beethoven son las impares: La Primera, la Tercera («Heroica»), la Quinta, la Séptima y la Novena. Yo mismo, que desde los 12 años las sinfonías de Beethoven me acompañan a menudo, también lo creía, dejándome llevar por lo épico que contienen, la fuerza, los movimientos vivos, vigorosos e intrépidos, arrastrado por los «tutti» orquestales, por todo cuanto deslumbra, en una palabra. Con los años los gustos van cambiando, como nosotros, y aunque todavía valoramos las particularidades mencionadas, nos percatamos de nuevas. De algo tiene que servirnos la solera beneficiosa que los años van instituyendo en nosotros. 
La Octava merece un puesto destacado en el mundo musical y en el universo creativo del compositor. Cíclicamente y en lo que de orquestal se refiere, cierra su segundo periodo creativo; el más feraz, productivo y prolífico de los tres, el más fructífero, así como el de más importancia, no únicamente por la gran cantidad y calidad de obras que contiene - valgan como ejemplos los conciertos para piano y orquesta, el de violín, todas sus preciosas Oberturas, estos «dramas concisos y concentrados», que así es como las enfoca y con sumo atino el musicólogo Stefan Kunze; la ópera Fidelio, de la Sinfonía 2 a la 8, ambas incluidas (en la Segunda se producirá el cambio del Minueto tradicional por el Scherzo) entre otras - antes, y en gran manera, por el hecho de «emanciparse» del Clasicismo vienes que todavía imperaba; un periodo en el que consolida un lenguaje recio y de gran vigor y personalidad. Sin duda será esta etapa creativa la que declarará abiertamente su carácter, su decir; su lenguaje melódico y armónico, su propio «color» tímbrico y orquestal. 

Ludwig Van Beethoven

(retrato de Joseph Stieler)
 La Octava se trata de una obra enigmática, de veras, pero sin el enigma de la Quinta – si es que en la Quinta Sinfonía lo hay, de enigma - puesto que de tan explícita como es se pierde. La Quinta es genialmente afirmativa de ideas. Sus motivos melódicos y rítmicos, de manera perseverante y recalcitrante, aparecen siempre en toda la obra. No es este el enigma que se nos expone y exhibe en la obra que concentra nuestra consideración. No es este su misterio. Y es aquí donde fundamento mi razonamiento estableciendo paralelismos con la Cuarta y la Sexta, más que con la Segunda que, con ser proporcionadamente beethoveniana (en Beethoven utilizar el vocablo proporción es un tanto arriesgado), me parece estar harto aferrada a la manera de Haydn. Es el enigma – el misterio si se prefiere – de la ingenuidad y de la ternura tanto de la Sonata «Pastoral» como de la Sinfonía homónima opus 68. Es el enigma de la penumbra, la mansedumbre y el lirismo inicial de la Cuarta; es el enigma emotivo de su segundo movimiento, del de la Cuarta. La Cuarta Sinfonía, escrita de un solo trazo durante el verano de 1806, también es una obra frecuentemente tildada de ligera, apta para distracción-recreación; un divertimento, un entretenimiento, cuando se la compara – quiero creer que sin malicia – con la Tercera y con la Quinta. Sin embargo eso ocurre cuando la lectura a la qué se la somete es la de un simple pasear los ojos por la partitura, o cuando al escucharla no se le permite que vaya más allá. La Cuarta, y me perdonarán la perífrasis, a mi juicio viene a representar la sobriedad sencilla del sentimiento vivido en lo más íntimo de uno mismo; en este caso Beethoven.
 Volvamos a la Octava. Beethoven, maestro controvertido, inicia la Obra con un lato movimiento en compás ternario y activo en el carácter, un Allegro vivace e con brio, a la manera de un gran minueto sin serlo. Un minueto gigantesco agraciado y hermoso en forma sonata, para colofón, que contrasta admirablemente con el segundo tema más lírico y sentimental.
 El segundo movimiento es un Allegretto scherzando en Si bemol Mayor y en compás binario. Se trata de un movimiento rítmico en extremo, casi mecánico, por el que evoca la figura de Mälzel, el inventor del metrónomo y de otras máquinas conocidas como autómatas musicales. En este movimiento hay cierta pincelada de sarcasmo; si se prefiere un toque de infalible ironía. Y centrados en ese segundo movimiento, quiero hacer una paráfrasis.
 A raíz de la pregunta que Richard Osborne formula al maestro Von Karajan, «¿Qué me cuenta de las medidas tomadas con el metrónomo en ciertas piezas de Beethoven?» El director de orquesta le responde: «Naturalmente, uno las examina... algunas son buenas y otras, tal vez la Novena Sinfonía, contiene errores. Pero siempre se vuelve a la cuestión de cuanto «tempo» pasa en una frase. No sabemos como Beethoven dirigía su música ni como la habría dirigido si hubiese podido oír todo lo que estaba pasando, pero sí que sabemos, por les cartas de Brahms, que Beethoven a veces se permitía grandes elasticidades. Usted recuerda, sin lugar a dudas, que Von Bülow preparó las primeras interpretaciones de la Cuarta Sinfonía con la Orquestra de Miningen, pero que el mismo Brahms acompañó y dirigió la gira alemana. En aquella época, este escribió en una de les sus cartas: «En aquellos conciertos no pude hacer demasiadas retenciones y aceleraciones.» (Osborne, Richard: Karajan, las más reveladoras confesiones del «maestro de los maestros», en Temas para debate, Arias Montano Editores).
 Son muy claros los objetivos de Karajan. Son las declaraciones de ese fan que fue del tempo metronómico y por ende muy poco amante de retóricas, siempre existentes en los textos musicales. En cambio sí que era un «fan» del glamour, puesto que por un sentido tan pulcro como deleitable resultó ser un fascinante preciosista a más no poder, especialmente en las grabaciones de los años 60: Sus sinfonías beethovenianas, su extraordinario «Requiem» de Mozart, de esa misma época; sus versiones de obras de Vivaldi, de los 70, que a pesar del peso de la Filarmónica de Berlín, muy robusto para esa música, son de una encomiástica e inigualable personalidad; una impecable y maravillosa, tanto como indescriptible, «Verklärte Nacht» opus 4 (Noche transfigurada) de Schönberg que, junto a la «Heroica» de Beethoven, tuve el honor y el placer de oírle en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, al frente de su Filarmónica de Berlín, el día 8 de junio de 1975. Unos bellísimos poemas sinfónicos de Liszt, así como una gustosa «Rapsodia húngara» número 4 (la de 2 en la versión pianística) de la década de los 60, y una Quinta de Gustav Mahler, la mejor de cuantas existen, implícitamente las históricas. Grabaciones, entre otros registros sonoros, que representan verdaderos paradigmas de encumbrada calidad interpretativa.

 
 En el tercer movimiento Beethoven restituye el minueto a sus sinfonías: un Tempo di Minuetto, escrito en ternario, como es natural, y en la tonalidad de Fa Mayor. El compositor regresa al consabido A-B-A de la forma, así como a sus principios vieneses, cuando su fase de joven compositor de moda en Viena; recobra el primer período creativo a la manera de Haydn y Mozart. Deja a un lado los «scherzi» de las sinfonías anteriores y se limita al tradicional aire de danza, el minueto, uno de los que contenía la Suite y que por el Clasicismo se entremetió en el nuevo género musical, entonces novicio, la Sinfonía. La gran sonata para orquesta.
 El monumental Finale: Allegro vivace, en Fa Mayor y compás binario, es muy elaborado y desarrollado, y en extensión tan largo como los tres movimientos anteriores juntos. Me atrevo a decir que este movimiento lo contiene todo: La inocencia, el nervio, la ternura, la ironía, la elegancia lírica de sus temas, la fuerza y la intencionalidad musical del genio de Bonn. Es como el compendio de la Obra, su claustro, su final. Un final de etapa que abre otra, más intensa si cabe que esa intermedia. Personalmente me inclino por los sorprendentes efectos, por la estrecha proporción y analogía existentes con el movimiento postrero de la Séptima y por los juguetones timbales: infantiles. Y he ahí que aparece un nuevo enigma: El niño que todos llevamos y que nunca tendríamos que silenciar. En este punto quiero aclarar que en ningún momento aludo la puerilidad, que sería la antítesis, ya que evidenciaría falta de discreción (en el sentido de discernimiento), de madurez.
 El Enigma de los enigmas de esta Sinfonía, ¿No estará justamente en la mutación Dios-hombre? ¿Qué querrá decir un movimiento en ternario, otro en binario, nuevamente uno en ternario y finalizar en binario? Y lo hace en la su Octava Sinfonía: La 8. El «8» es el número cuya grafía contiene dos círculos entrelazados; es el que de forma perdurable conecta lo Inferior con lo Superior. El Binario (humanidad) con el Ternario (lo Supremo, Dios). El número de la Justicia.
 Me ratifico diciendo que esta Sinfonía es el refinamiento del misterio, de lo hermético y oscuro cantado a plena luz. La quintaesencia del Clasicismo vienes, en unos momentos en los que el mismo Beethoven transita los albores del Romanticismo. Para el mismo Van Beethoven ya no tan incipiente...

http://www.filomusica.com/filo65/beethoven.html 


viernes, 17 de julio de 2015

BILLIE HOLLIDAY......EL LAMENTO DE UNA VOZ




Se dice que el dolor agudiza la creatividad, por lo que no extraña que su vida fuera una obra de arte constante y entera. Y es que más que en el dolor, ella vivió en una herida abierta que supuró talento, crueldad y humillaciones a borbotones. Billie Holiday, la cantante más definitiva de toda la historia del jazz, no fue un juguete roto, sino una chica con una sombra permanente de mala suerte, tanto por la época y la sociedad en la que hubo de sobrevivir como los amores errados a los que se abrazó. Ella misma dijo en su autobiografía 'Lady sings the blues': "Puedes ir vestida de raso, con gardenias en el pelo y no ver una sola caña de azúcar en varios kilómetros a la redonda y, aun así, seguir trabajando en una plantación". En este siglo han aparecido voces maestras en el jazz, incluso voces que bien pueden rivalizar en audacia y emoción con el lamento vocal de la Holiday. Y, sin embargo, todavía está por descubrirse una cantante que concite tanta unanimidad en torno a una canción tan arrebatada como arrebatadora. Y tan herida, porque no se entiende cómo esta mujer fue capaz de vivir en la cima del jazz golpeada de tanta desgracia. Se insiste: Billie Holiday, a pesar de sus excesos, no fue lo que llamamos un juguete roto, sino una mujer que caminó por la vida sin desaliento, a pesar de las muchas piedras que se encontró -y le colocaron- a cada paso.
Sobre el escenario Billie Holiday era toda luminosidad, volviendo a la cruda realidad cuando se bajaba de él. No se la permitía ningún contacto en el público blanco, tenía que acceder a los locales por la puerta de atrás, cobraba menos que sus compañeros... A ello se le sumaba su adicción a la heroína, que la granjeó numerosos problemas y un paso por la cárcel de cruel recuerdo, por no hablar de las parejas que tuvo, maltratadores de profesión, tipos mafiosos, crueles, a los que retrató en canciones como 'My man' o 'Ain't nobodys business'. Pronto captó la atención de una de las orquestas de swing de mayor éxito en aquel Estados Unidos de 1933, la de Benny Goodman -por mediación del productor John Hammond-, para encontrarse cuatro años después integrada en esa maquinaria mucho más jazzística y fogosa que fue la de su admirado Count Basie, donde conoció al mencionado Lester Young.
Llegado ese momento, Billie Holiday ya había hecho de su voz un lamento vocal con una hondura emocional mágica, con una sensibilidad en el fraseo realmente única e irrepetible. Se dice que nadie como ella pronunciaba con tanta emoción desgarrada las palabras "love" o "baby". "Trato de improvisar como Louis Armstrong o Lester Young. Lo que sale es lo que siento. Odio las canciones en línea recta. Tengo que cambiar los tonos y ajustarlos a mi propia forma de entender la música. Esto es todo lo que sé".
http://www.elmundo.es/cultura/2015/04/06/55218399ca4741b6648b458b.html